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Peyote (LOPHOPHORA WILLIAMSII)

Peyote, plantas psicotropicas de Nayarit

En la America indígena, el empleo de plantas alucinógenas se presenta como una costumbre de profundo arraigo y antigüedad milenaria.

El continente americano es el espacio geográfico donde se ha registrado la mayor diversidad de plantas que contienen principios psicoactivos (más de 100 especies). Estas plantas contienen sustancias químicas –alcaloides– capaces de promover estados anormales de conciencia que ocasionan alteraciones visuales, auditivas, táctiles, olfativas e incluso gustativas. Por esta razón son vistas por algunas culturas como portadoras de inteligencia y son consideradas instrumentos divinos, fuente de una profunda y misteriosa sabiduría, y de belleza e inspiración, así como un medio para mantener la integridad cultural.

Los grupos prehispánicos americanos llevaban a cabo prácticas rituales alucinatorias en diferentes contextos religiosos para abrirse a otro tipo de realidades, para inducir experiencias de iniciación a ciertos misterios y para curar enfermedades del cuerpo y del alma. Cierto tipo de hongos y plantas eran consumidos por los curanderos, sacerdotes o chamanes, considerados personas con talentos curativos y respetados por sus poderes especiales para comunicarse con los espíritus e influir sobre ellos. Algunas de las prácticas rituales se conservan entre los tarahumaras, tepehuanes, coras y huicholes, etnias de México a cuyas leyendas, tradiciones e historia están asociadas de manera importante las cactáceas.

Cuando hablamos de especies alucinógenas de México casi siempre pensamos en los famosos hongos psicodélicos (Psylocybe spp.) utilizados por María Sabina (Santa Sabina de los hongos), en ceremonias realizadas en Huautla de Jiménez, Oaxaca, y en ciertas plantas como el toloache (Datura stramonium, D. innoxia), el ololiuqui (Ipomea violacea, I. tricolor, Turbina corymbosa), la hierba de la pastora (Salvia divinorum), la mariguana (Cannabis sativa) y por supuesto en el peyote (Lophophora williamsii), una cactácea descubierta por los españoles en 1560 y que aún sigue siendo la planta sagrada que rige la vida espiritual de los huicholes.

El peyote ha despertado interés mundial por los efectos singulares que produce en el organismo cuando se ingiere. Su sabor es amargo, debido a la presencia de unos 60 alcaloides. Sin lugar a dudas su principal alcaloide es la mescalina, que normalmente alcanza niveles que van de 1 a 6% del peso del "botón" de peyote seco (0.1 a 0.6% del peso del "botón" fresco). La mayoría de sus alcaloides pueden ser clasificados como fenetilaminas, como la mescalina, o tetrahidroisoquinolinas, como la hordenina.

Estos alcaloides generan embriaguez, visiones coloreadas, sensación de flotación, pérdida del sentido del tiempo, es decir, un conjunto de sensaciones que según los indígenas son atribuidas a un "poder sobrenatural conferido por los dioses".

En 1896 el farmacólogo alemán Arthur Heffter extrajo la mescalina del peyote. Éste fue el primer compuesto alucinógeno aislado por el hombre. Esta sustancia actúa en el cuerpo humano de la misma manera como lo hace el neurotransmisor 13 norepinefrina y su ingestión provoca alteración de la conciencia. Es tóxica en dosis mayores a 0.5 gramos y produce síntomas como náusea severa, vómito, taquicardia, ansiedad e hipertensión arterial.

Un riesgo importante al consumir la mescalina es la aparición de un síndrome psicótico en algunas personas. De las crónicas españolas se hace referencia a "que aquellos nativos que comían el peyote eran poseídos por terroríficas visiones demoníacas". El consumo del peyote fue duramente sancionado por la Santa Inquisición desde 1617. En 1720 se prohíbe el uso en todo México y en 1997, representantes de 22 grupos étnicos del país solicitan la despenalización del uso de plantas y animales rituales y exigen poner fin a persecuciones en su contra, acusados de narcotráfico.

El género Mammillaria contiene sustancias enteógenas, tales como tetrahidroisoquinolinas. Este género agrupa a los falsos peyotes más importantes usados por los tarahumaras como sustituto del peyote.

El cacto Pachycereus pecten-aboriginum se usa de vez en cuando como narcótico. Entre los cactos que también producen mescalina destacan varias especies de Sudamérica pertenecientes al género Trichocereus, siendo el principal exponente la especie T. pachanoi (=Echinopsis pachanoi) o cacto de San Pedro.

Otros cactos como Aztekium ritterii, Lophophora diffusa y Pelecyphora aselliformis también la producen pero en dosis sumamente pequeñas como para producir algún efecto psicotrópico. Varias especies de cactos contienen los alcaloides hordenina (peyocactina) y tiramina, ambos con propiedades antisépticas. Los indígenas usan los jugos de diferentes cactos para limpiarse la piel y como agente antibacteriano. Durante cientos de años los huicholes han frotado el peyote en las heridas para prevenir la infección y promover la curación. Se ha probado que la hordenina muestra una acción inhibitoria contra un espectro amplio de bacterias resistentes a la penicilina.

El peyote tiene muchos usos en la medicina tradicional: para tratar la influenza, la artritis, la diabetes, los desórdenes intestinales, la mordedura de serpiente, el piquete de escorpión y el envenenamiento por Datura. Los tarahumaras consumen cantidades pequeñas de peyote para combatir el hambre, la sed y el agotamiento mientras van a cazar y cuando corren detrás de un ciervo durante días sin comida, agua o descanso alguno. El peyote se prescribe en la actualidad como un emético (induce el vómito), como un estimulante cardíaco y como un narcótico (reduce o alivia el dolor).